Carta a los médiums – por el Caboclo Ubirajara
Todos son médiums, pero cada uno con un grado de mediumnidad y, ¿por eso, debemos escondernos y pensar que somos locos? ¡Claro que no hijos míos! Acepten con naturalidad ese gran don que Dios dio para ayudar al prójimo. No deje que solo por usted tener un nivel mayor de mediumnidad su ego salga mayor que su humildad. El mayor médium es aquel que humildemente no se expone haciéndose pasar por mejor, pero sí aquel que ayuda a las personas sin decir de dónde viene la ayuda.
Hijo, no ande preocupado de cuál tamaño es su mediumnidad: preocúpese en practicar el amor y la caridad, y que a cada año nuevo en su vida usted haga nuevos votos con Dios y más personas ayude. Cuando el hijo pisa el pie en un Terreiro, mírese y coloque la mano izquierda sobre la derecha en el suelo y bata su cabeza sobre su mano; muestre el respeto al Terreiro que usted entra, pues allí también es su casa hijo mío, una casa que te enseña el amor, la caridad, y la humildad.
Hijo, hay Terreiros con muchos problemas, falta de unión, falta de búsqueda de conocimiento; no se deje caer en la misma, vaya detrás de conocimiento. Asume con la casa que usted frecuenta, traiga el cambio para ella. Toda familia tiene problemas, pero solo depende de nosotros ayudar a cambiar. Los cambios no vienen de una hora para otra, vienen a lo poco trayendo mayor conocimiento a todos de la familia. Tenga siempre fe y luche que usted siempre será guiado por tus entidades. Misericordiosos de los celadores que piensan que la religión está para hacer el mal; ellos irán a pagar muy caro por su locura… pensar que esta maravilla que Dios dio fue hecho para la práctica del mal… yo no tengo miedo de decir la verdad para esos celadores, que no saben lo que hacen. Piensan que nosotros hacemos el mal, pero si llegamos a esta evolución, no vamos a volver con prácticas de mal que los humanos piensan que hacemos. Pueden decir que no tengo conocimiento de lo que yo digo y que mi médium es mentiroso, pero os digo que nada tememos, pues la verdad de Dios no puede ser escondida por miedo de retaliaciones de las personas ignorantes, pues muchos de aquellos que piensan que están con sus entidades están, en la verdad, con Espíritus de baja evolución, engañándolo y substrayendo sus energías. No hijo, tus entidades no te abandonaron; ellas están cerca, solo mirando y dejando que usted aprenda, en la hora correcta usted irá a ver por lo que pasa e irá a cambiar su vida y sus actitudes. Nosotros, entidades, no dejamos a los hijos; apenas damos espacio para ellos aprender y evolucionar sus Espíritus. Entonces, hijo mío, evolucione y deje su Espíritu evolucionar.
Oración:
Gran Espíritu, cuya voz oigo en los vientos, cuyo soplo anima el mundo, óigame. Soy pequeño y débil, necesito de su fuerza y sabiduría. Permita que yo camine en la belleza, y haga que mis ojos contemplen para siempre el rojo y el purpura del sol poniente. Haga que mis manos respeten todas las cosas que el Señor creó. Haga mis oídos agudizados para que yo oiga su voz. hágame sabio para que yo pueda entender todo aquello que el Señor enseñó a su pueblo. Permita que yo aprenda las enseñanzas que el Señor escondió en cada hoja, en cada piedra. Busco fuerza, no para ser mayor que mi amigo, sino para luchar contra mi mayor enemigo - yo mismo. Permita que yo esté siempre preparado para ir hasta el Señor de manos limpias y mirar firme. Así, cuando mi vida estuviera en el ocaso, como el Sol poniente, que mi Espíritu pueda ir a su presencia, sin ninguna vergüenza.
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«Aparte del Espíritu protector ¿está unido un mal Espíritu a cada individuo, con miras a incitarlo al mal y darle ocasión de luchar entre el bien y el mal?
- "Unido" no es la palabra exacta. Bien es verdad que los malos Espíritus tratan de desviar del camino recto al hombre cuando se les presenta la oportunidad: pero si uno de ellos se apega a un individuo, lo hace por determinación propia, porque espera que el hombre le haga caso. Entonces se desarrolla una lucha entre el bueno y el malo, y la victoria corresponderá a aquel cuyo dominio el individuo entregue»
Libro de los Espíritus, cuestión 511.