No sientas envidia por la felicidad de otros que viven en un paraíso de necios, pues sólo un necio puede creer que eso es la felicidad.

(Para lo que he vivido) ”Tres pasiones sencillas pero tremendamente fuertes han regido mi vida: el deseo de amar y ser amado, la búsqueda del saber y una compasión superior a mis fuerzas, por el sufrimiento de la humanidad. Estas pasiones, como vientos potentes, me han zarandeado de aquí para allá, en navegación tortuosa por el océano profundo de la angustia, hasta el borde mismo de la desesperación.

Busqué el amor porque trae consigo el éxtasis -éxtasis tan grande que muchas veces hubiera sacrificado yo el resto de mi vida por unas horas de su gozo. Lo busqué, también, porque el amor alivia la soledad -esa terrible soledad en la que el tembloroso ser que tiene conciencia de si mismo se asoma al borde del Universo y ve un frío abismo sin fondo y sin vida- Y lo busqué, finalmente porque en la unión que es el amor he visto, como en mística miniatura, la visión anunciadora de ese cielo de los santos y que los poetas han imaginado. Eso es lo que busqué y, aunque parezca demasiado gozo para el hombre, eso es lo que -al fin- he encontrado.

Con el mismo apasionamiento busqué el saber. He deseado comprender el corazón del hombre. He querido saber por qué brillan las estrellas. Y he intentado apoderarme del poder ”pitagórico” gracias al cual el número triunfa sobre el flujo. Algo de esto, aunque no mucho, he conseguido. El amor y el saber, en cuando me fueron posibles, me levantaron hacia arriba, hacia los cielos. Pero la compasión me devolvió siempre a la Tierra.

Autor desconocido