La Identificación con el Ser Real: por el Amado Maestro Lanto.
A los que mantienen una Mente Abierta en el espíritu de Búsqueda:

Uno puede resolver fácilmente la cuestión « ¿Qué fue primero, la gallina o el huevo?» preguntando « ¿Qué fue primero, Dios o el Ser Humano, el Espíritu o la Materia?». La respuesta bien podría proporcionar una revelación adicional en nuestro tema: la comprensión de sí mismo.

El Ser Humano fue creado como Espíritu, y la conciencia y la inteligencia son una parte necesaria del ser espiritual que el hombre realmente es. Sin embargo, la conciencia –que puede definirse como el conocimiento que tiene Dios, de sí mismo- no sólo funciona en el dominio del Espíritu sino que también es capaz de proyectarse a sí misma dentro del continuo espacio-tiempo y de esta manera integrar el cambiadizo mundo de lo finito en el magnífico mundo real de lo Infinito.

El único propósito de la vida en el aula-planeta Tierra, es desarrollar en el hombre, con su conocimiento por medio del libre albedrío, esas cualidades cósmicas magistrales que forman parte del carácter y del ser de Dios. El Espíritu eterno es todo bondad. La intención es que el hombre se convierta en esa bondad. Por necesidad, su inteligencia ha sido limitada tanto en habilidad como en flexibilidad a causa de sus patrones kármicos y de su reacción ante las oportunidades de la Vida. De la misma manera, su poder ha sido restringido hasta ese momento en el que el carácter del individuo pueda desarrollarse en su imagen divina, con lo cual sus actos se tornarían totalmente divinos y por lo tanto dignos del poder divino.

En Dios, no existe competencia. Él se regocija en la diversificación de toda creación con tal que su patrón esté acorde con la verdadera naturaleza del ser divino. La razón de que el patrón sea de capital importancia tiene que ver con la vida eterna o con un estado de permanencia en Dios. Dios, no desea prolongar el mal o la desdicha, y ciertamente el hombre no debería desear prolongar su imperfección. Por lo tanto, la tutela del Eterno, ha colocado salvaguardas y restricciones necesarias en el mundo de la forma, incluyendo la muerte del cuerpo físico. Esto se hizo con el propósito de prevenir la perpetuación de características indeseables de pensamientos y sentimientos mortales.

Que los hombres comprendan que la vida abundante debe manifestarse en el mundo del individuo de una forma tan natural como la apertura de una flor, una vez que haya desarrollado la sintonía con la mente del Cristo. Porque el Cristo, actúa como un mediador para él y le confiere esa rectitud que es la voluntad del Padre.

Hoy muchas armas que las fuerzas de la oscuridad han utilizado para evitar que la humanidad descubra al Yo Real. La más turbia de todas es la pantalla de la conciencia egoísta (egocéntrica) y esa cualidad enteramente humana del orgullo que tan fácilmente satura el ser del hombre. Amados míos, el orgullo es tan sutil que los individuos a menudo lo confunden con el fervor espiritual.

El gran Hacedor, es siempre el Eterno, quien emplea las manos y los pies de la humanidad así como su conciencia, su mente y su voluntad, pero nunca sin el consentimiento del individuo. Su intención es entregarle al individuo –tan pronto como haya demostrado su capacidad y su valía para recibirlo- el uso total de los talentos que Dios, le ha dado. El uso correcto de estos talentos está siempre bajo la dirección del genio que Dios, ha implantado dentro de la conciencia mortal. Este genio es verdaderamente una manifestación de la ley infinita que vive y se mueve en el mundo finito.

Con todo el corazón, los hombres deberían custodiar su conciencia contra la luciferina actitud del orgullo humano. Quitando algunas excepciones, la gente que evoluciona en este planeta tiene al acecho en su conciencia la característica del orgullo que asoma la cara cuando los individuos permiten que cosas insignificantes les irriten. La corriente de vida espiritualmente progresiva que está dispuesta a dedicarse un poco a la introspección, debería advertir como una indicación de orgullo personal el hecho de que se moleste o se enfade con otros por trivialidades o asuntos sin importancia que nada deberían significar. Uno debería aprender a tener mesura y sensatez, y a otorgar a otros la misma gracia que uno espera recibir.

Mediante el regocijo interno en la ley de Dios, el hombre puede llegar al punto en que sea capaz de oponerse a las embestidas de la emotividad excesiva y mantenerse en el equilibrio de la luz universal aun cuando su naturaleza sensitiva le haga sentir el sufrimiento de la cólera o del abatimiento debido a la conducta de otro. El autocontrol que es control de las emociones y del mundo de los sentimientos es una de las claves para la automaestría que a algunos de nuestros discípulos les resulta tan difícil poner en práctica.

A causa de que el individuo se identifica con su conciencia, se vuelve susceptible con las circunstancia que la invaden y que él puede interpretar como una afrenta a su propia vida. Identificándose con toda vida a la vez que mantiene conciencia de su función personal y un sentido de su misión personal, puede fácilmente comprender por qué otros individuos actúan o reaccionan de la manera en que lo hacen. Esta comprensión esparcirá el bálsamo de la tranquilidad sobre las turbulentas aguas de los asuntos humanos. El ser debe permanecer ante todo sereno, y sin embargo no distante o sin compasión ante los problemas de otros.

La Hermandad alienta el entrenamiento de sensibilización al Cristo, pero deseamos señalar que el involucrarse en la sensibilización psíquica y en el contacto físico impropio con otros (lo cual entra en la categoría de «formación de la sensibilidad») es un procedimiento peligroso de la tan necesaria individualidad. Los hombres tienen que preservar el yo individual mientras alcanzan la identificación con el Yo Real. Al desarrollar ese sentimiento de identificación, uno puede incluir como parte de su propio autoconocimiento la Presencia Divina en toda vida. Y no es necesario explorar la psique o el físico humanos para lograr dicho conocimiento.

Es preciso que se ejerza un control Divino eficaz sobre la creación en el universo de manera que Dios, pueda producir la realidad de su reino en todas partes. Donde el Espíritu no está presente, donde el Espíritu es negado. Donde el Espíritu es aplacado, no existe una fuente de la realidad que trasmita a la conciencia el optimismo de la comprensión interespiritual e interpersonal. Los pequeños brotes de alegría que inundan el alma al entrar en contacto con aquellos que espiritualmente piensan de la misma forma, es una indicación cierta de la presencia del Espíritu.

Los que se enredan en el llamado kárate mental, los que buscan controlar o hipnotizar a otros, no se dan cuanta a menudo de que están actuando fuera de las intenciones del Padre Eterno. Cada hijo debe, en la dignidad de la verdadera autorealización, tener la noción de su propia misión individual y expandirse hacia afuera en conciencia mediante la Presencia celestial para poder comprender el plan de vida de los demás.

En un sentido toda vida es una unidad, y éste es el sentido más elevado; pero en los aspectos inferiores existen muchas trampas y laberintos que son precisos evitar. Mediante la discreción, la discriminación Crística y la oración santa, el hombre retiene su dignidad divina que no excluye la posibilidad de la exaltación del ser por medio del humor, del altruismo  y de la alegría perpetua. Tal dignidad no es vencida jamás por las personas, los lugares, las condiciones o las cosas.

La salud, la fe y la determinación son inherentes a la expansión de lo real en el hombre. Debéis llegar a un mayor entendimiento de vosotros mismos cada día para que seáis capaces de representar correctamente los propósitos de la vida. Sois amor y amáis del amor. Sois sabiduría y amáis la sabiduría. Sois poder y amáis el poder. Pero sabéis que todo se cumple en el triángulo perfecto de la actitud equilibrada. Estas es la actitud que busca el bienestar público y que comprende los peligros de la manipulación mental. Mediante la inteligencia y el ingenio humanos, el reino de Dios, ha sufrido violencia, del orden del mundo ha sido alterado y las fuerzas de los medios de comunicación han sido utilizadas con propósitos de control negativo.

La clave de la redención del sistema social estriba en la victoria de la ley divina en el ser del hombre individual. Aquello que el hombre individual llega a ser, en eso se convierte el mundo colectivo. Con la entrada entusiasta al reino de Dios, y su justicia y mediante la participación en los ejercicios espirituales que despojan al hombre de lo falso y lo visten con lo real, el individuo y su mundo pueden y deben convertirse en la totalidad de todo lo que Dios, concibió para ellos desde el principio.

¡Oh estrella de la sabiduría, continúa brillando!
Graciosamente YO SOY
Lanto