DEJARSE CONDUCIR:

Quien se deja conducir, no pone resistencia a las correctas sugerencias que llegan desde lo interno ni tampoco hace lo que quiere por capricho, rebeldía del yo (personalidad). Dejarse conducir es la llave maestra de la libertad, el Poder para actuar acertadamente a través del ser encarnado con objeto de que logre el éxito, la victoria en la vida y no se equivoque.

La técnica de dejarse conducir consiste en seguir los impulsos del corazón más que los dictados del intelecto. El Padre (Divina Presencia Crística) actúa a través del corazón, que es el punto – luz de unión y contacto. Por ello, hay que escuchar y seguir las corazonadas que son un reflejo acertado de la sabiduría intuitiva. Es preciso confiar en la Divina Presencia, después de haber hecho la invocación, esperar los resultados con fe, con alegría gozosa respectiva. Quien se deja conducir realiza todo en forma más rápida, con menos esfuerzo porque no actúa en conciencia
humana, no pone resistencia ni retarda u obstaculiza la manifestación de lo deseado.

Todas las personas pueden oír a su Divina Presencia, a través de los impulsos del corazón; pero son muy pocas las que saben escuchar y obedecer. La obediencia a la voz interna es una condición fundamental, realizar lo que sienten como correcto, no lo que largamente razonan. Cuando ambas actividades, pensar y sentir se realizan, lo mejor es decidir por los dictados del corazón. Esto resulta lo más conveniente porque, de esa manera, se evitan los errores y graves equivocaciones que conducen a dificultades y sufrimientos.

Namaste.

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"Que el Gran AMOR Infinito de el DIOS UNO Padre-Madre te envuelvan en la Suprema LUZ Divina. "