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Un Caso de Magia Negra

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Un Caso de Magia Negra

Mensaje por Consagración India el Jue Jul 06, 2017 6:00 pm

Un Caso de Magia Negra

Una mujer, muy guapa y hermosa, pasa por la calle. Un joven, que distraídamente ve pasar los transeúntes, se fija en ella y la sigue a todas partes piropeándola con tenacidad pretendiendo conseguir una mueca o una sonrisa como signo de asentimiento a su propósito. Pero aquella mujer es casada, honesta y seria, y está plenamente enamorada de su marido. El marido a su vez le corresponde reflexivamente y, en estas circunstancias, no hay mujer que ceda al requerimiento amoroso de ningún otro hombre.

Pero seguían las asechanzas del joven un día y otro día, cada vez que volvía a encontrarla, ya que ambos vivían en el mismo barrio de la ciudad y recorrían el mismo camino. A nuevos requerimientos, nuevas negativas. Hasta que, en cierta ocasión logra detenerla. Trata de rendirla ya con las frases más apremiantes, pero ella le lanza con valor su enojo y su profunda molestia por tal persecución que corta definitivamente...

Pasan algunos meses de lo ocurrido. Contando en cierta ocasión este suceso a un amigo suyo a quien expresaba su intenso amor por esta mujer, le dice que ha sido rechazado y que no pudo lograr medio alguno de conquista, pues mientras más se insinuaba, más encendía sentimientos de repulsión en ella. Sólo guardaba como recuerdo de esta aventura negativa, un pañuelo que el día que la detuvo, se le cayó al suelo y que él recogió sin devolvérselo...

Al oír el amigo estas últimas frases, le responde: Si tienes ese recuerdo, es tuya la mujer...

El marido de esta señora, es muy amigo nuestro (indica el escritor). Un día se nos presenta completamente apenado y nos relata que ha tenido que recluir a su pobre mujer en el Manicomio, pues los médicos la consideraban demente... ¿Cómo es eso?,- le dijimos -. Cuéntenos y denos detalles de los síntomas que ella ha experimentado y le daremos nuestra sincera opinión. Entonces nuestro afligido amigo nos cuenta lo que sigue:

Estábamos un día sentados a la mesa como de costumbre, sin que nada anormal yo le hubiera notado hasta ese instante. A punto de comenzar la cena y sin causa ninguna que lo justificara, se pone intensamente pálida y comienza a gritar: Déjeme... Déjeme... Infame... No le quiero... Le odio... Esto me lo decía a mí, pero sin mirarme. Su vista estaba clavada en algo imaginario, hasta que se quedó dormida...

La llevamos entonces a la cama y al despertar, no se acordaba de nada de lo ocurrido. Luego me dediqué a hacerla recordar detalle por detalle cuanto había pasado, para despertar su memoria, pudiendo conseguir al fin que recordara, exclamando: No eras tú a quien yo dirigía mis frases... Era al otro... Me irrité entonces contra ella y hube de preguntarle quién era ese otro al que se refería, respondiéndome evasivamente...

Esto me dio lugar a celos profundos que me tuvieron preocupado durante algún tiempo.

Pocos días después, estando durmiendo una noche, recibí de su mano una enorme bofetada con las frases siguientes: Vallase, desgraciado... Le odio... Le aborrezco... Quiero a Gilberto (este es el nombre de nuestro amigo). Ya no pude resistir más. Llamo al médico comprendiendo que todo cuando sucedía no era normal, y éste me aconseja que la lleve a un Manicomio. El caso podría ser peligroso...

Desde entonces, está recluida en dicho establecimiento, pidiéndome constantemente que la saque de allí.
Bueno, le respondimos. Déjenos que vayamos solos a verla y ya veremos cuánto se puede hacer astralmente...

Cuando vimos de nuevo a esta señora, no era ni la sombra de lo que fue. Pocos meses antes, sus mejillas habían disfrutado de un bello color de rosa, y ahora estaba pálida, intensamente pálida.

Acuéstese en su cama, le dijimos. No piense en nada. Haga tan sólo lo que le ordenemos y entonces la sacaremos de aquí. Bueno, bueno, doctor, nos respondió ella. Haré cuanto me ordenéis con tal de salir de este lugar, pues no estoy loca como Gilberto cree. Ahora, que si me dejan aquí, entre locos, me pondré ciertamente como ellos... Así lo temíamos nosotros, le respondimos.

La pusimos en un profundo estado de hipnosis. Tras nuestro mandato, nos descubrió cuanto le había ocurrido hasta en sus más mínimos detalles relatando los encuentros con su perseguidor, requerimientos que éste le había hecho, etc., y por fin nos llegó a manifestar quién era él y hasta el domicilio en que habitaba, que ella en vigilia desconocía.

Sabido cuanto queríamos conocer, la despertamos e inmediatamente la llevamos a su casa. Una vez en ella, donde quedó tranquila, salimos nosotros en automóvil hacia el domicilio de su perseguidor. Preguntamos por él, y en el acto nos recibe. Antes de cruzar palabra alguna como justificación de nuestra visita, le decimos de improviso mirándole fuertemente: Usted ha estado persiguiendo a una mujer tratando de rendirla para saciar sus torpes apetitos y agotando todo recurso para lograr su intento. No soy el marido ni él sabe nada, pero vengo a evitar una desgracia... Sea usted claro...

Largo sería referir cuanto acaeció durante nuestra conversación. En síntesis, nos dijo, que entre el amigo a quien había contado el caso y una Bruja que él le presentó, le enseñaron a construir con el pañuelo de ella, dos muñecos. Uno le representaba a él y otro a la mujer perseguida que aun no sabía cómo se llamaba. Me trajo entonces ambos muñecos y me relató cómo había operado con su Magia Negra.

Le hice comprender su malvada acción, reprochándole sus procedimientos cuanto pude y haciéndole ver que aquella mujer era casada y que el respeto era el mayor homenaje que podía tributarle. Luego, quemé ambos muñecos...

A mi regreso, expuse a la señora a las influencias de un sahumerio eficaz de ciertas Plantas Sagradas, y de este modo terminó aquel embrujamiento de amor perverso... Ella volvió a ser la misma. Las visiones no se repitieron jamás y nosotros pudimos catalogar un nuevo caso...

Hay enfermedades, malestares y desgracias en ciertas habitaciones, que sólo ceden con quemar plantas especiales y nunca con exorcismos de frailes, que eso también es Magia Negra.

Hemos traído a colación este relato, no sólo para demostrar el poder de ciertas influencias, sino para mencionar también el que tienen ciertas Plantas curativas, no sospechado hoy por la Ciencia Oficial.

El pañuelo que sirvió para la confección de un monigote grotesco, representativo de ambos actores, estaba impregnado de las emanaciones magnéticas de ella, y esto fue lo bastante para ejercer a distancia determinada acción en el sentido conveniente.

Tantos otros casos nos son conocidos, por malas voluntades, por contagio mental, por el poder del deseo. Todos ellos con mal fin. Pero también sabemos de casos de transplantación de enfermedades hechos con verdadero heroísmo por personas abnegadas, como el de curaciones por simpatía que serían de gran interés para los médicos que ya hoy practican el método Psicoanalítico.


Fragmentos del Libro:
PLANTAS SAGRADAS
Dr. KRUMM HELLER
Maestro HUIRACOCHA

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Re: Un Caso de Magia Negra

Mensaje por Vanesssa el Lun Jul 24, 2017 2:26 pm

Consagración India escribió:

Un Caso de Magia Negra

Una mujer, muy guapa y hermosa, pasa por la calle. Un joven, que distraídamente ve pasar los transeúntes, se fija en ella y la sigue a todas partes piropeándola con tenacidad pretendiendo conseguir una mueca o una sonrisa como signo de asentimiento a su propósito. Pero aquella mujer es casada, honesta y seria, y está plenamente enamorada de su marido. El marido a su vez le corresponde reflexivamente y, en estas circunstancias, no hay mujer que ceda al requerimiento amoroso de ningún otro hombre.

Pero seguían las asechanzas del joven un día y otro día, cada vez que volvía a encontrarla, ya que ambos vivían en el mismo barrio de la ciudad y recorrían el mismo camino. A nuevos requerimientos, nuevas negativas. Hasta que, en cierta ocasión logra detenerla. Trata de rendirla ya con las frases más apremiantes, pero ella le lanza con valor su enojo y su profunda molestia por tal persecución que corta definitivamente...

Pasan algunos meses de lo ocurrido. Contando en cierta ocasión este suceso a un amigo suyo a quien expresaba su intenso amor por esta mujer, le dice que ha sido rechazado y que no pudo lograr medio alguno de conquista, pues mientras más se insinuaba, más encendía sentimientos de repulsión en ella. Sólo guardaba como recuerdo de esta aventura negativa, un pañuelo que el día que la detuvo, se le cayó al suelo y que él recogió sin devolvérselo...

Al oír el amigo estas últimas frases, le responde: Si tienes ese recuerdo, es tuya la mujer...

El marido de esta señora, es muy amigo nuestro (indica el escritor). Un día se nos presenta completamente apenado y nos relata que ha tenido que recluir a su pobre mujer en el Manicomio, pues los médicos la consideraban demente... ¿Cómo es eso?,- le dijimos -. Cuéntenos y denos detalles de los síntomas que ella ha experimentado y le daremos nuestra sincera opinión. Entonces nuestro afligido amigo nos cuenta lo que sigue:

Estábamos un día sentados a la mesa como de costumbre, sin que nada anormal yo le hubiera notado hasta ese instante. A punto de comenzar la cena y sin causa ninguna que lo justificara, se pone intensamente pálida y comienza a gritar: Déjeme... Déjeme... Infame... No le quiero... Le odio... Esto me lo decía a mí, pero sin mirarme. Su vista estaba clavada en algo imaginario, hasta que se quedó dormida...

La llevamos entonces a la cama y al despertar, no se acordaba de nada de lo ocurrido. Luego me dediqué a hacerla recordar detalle por detalle cuanto había pasado, para despertar su memoria, pudiendo conseguir al fin que recordara, exclamando: No eras tú a quien yo dirigía mis frases... Era al otro... Me irrité entonces contra ella y hube de preguntarle quién era ese otro al que se refería, respondiéndome evasivamente...

Esto me dio lugar a celos profundos que me tuvieron preocupado durante algún tiempo.

Pocos días después, estando durmiendo una noche, recibí de su mano una enorme bofetada con las frases siguientes: Vallase, desgraciado... Le odio... Le aborrezco... Quiero a Gilberto (este es el nombre de nuestro amigo). Ya no pude resistir más. Llamo al médico comprendiendo que todo cuando sucedía no era normal, y éste me aconseja que la lleve a un Manicomio. El caso podría ser peligroso...

Desde entonces, está recluida en dicho establecimiento, pidiéndome constantemente que la saque de allí.
Bueno, le respondimos. Déjenos que vayamos solos a verla y ya veremos cuánto se puede hacer astralmente...

Cuando vimos de nuevo a esta señora, no era ni la sombra de lo que fue. Pocos meses antes, sus mejillas habían disfrutado de un bello color de rosa, y ahora estaba pálida, intensamente pálida.

Acuéstese en su cama, le dijimos. No piense en nada. Haga tan sólo lo que le ordenemos y entonces la sacaremos de aquí. Bueno, bueno, doctor, nos respondió ella. Haré cuanto me ordenéis con tal de salir de este lugar, pues no estoy loca como Gilberto cree. Ahora, que si me dejan aquí, entre locos, me pondré ciertamente como ellos... Así lo temíamos nosotros, le respondimos.

La pusimos en un profundo estado de hipnosis. Tras nuestro mandato, nos descubrió cuanto le había ocurrido hasta en sus más mínimos detalles relatando los encuentros con su perseguidor, requerimientos que éste le había hecho, etc., y por fin nos llegó a manifestar quién era él y hasta el domicilio en que habitaba, que ella en vigilia desconocía.

Sabido cuanto queríamos conocer, la despertamos e inmediatamente la llevamos a su casa. Una vez en ella, donde quedó tranquila, salimos nosotros en automóvil hacia el domicilio de su perseguidor. Preguntamos por él, y en el acto nos recibe. Antes de cruzar palabra alguna como justificación de nuestra visita, le decimos de improviso mirándole fuertemente: Usted ha estado persiguiendo a una mujer tratando de rendirla para saciar sus torpes apetitos y agotando todo recurso para lograr su intento. No soy el marido ni él sabe nada, pero vengo a evitar una desgracia... Sea usted claro...

Largo sería referir cuanto acaeció durante nuestra conversación. En síntesis, nos dijo, que entre el amigo a quien había contado el caso y una Bruja que él le presentó, le enseñaron a construir con el pañuelo de ella, dos muñecos. Uno le representaba a él y otro a la mujer perseguida que aun no sabía cómo se llamaba. Me trajo entonces ambos muñecos y me relató cómo había operado con su Magia Negra.

Le hice comprender su malvada acción, reprochándole sus procedimientos cuanto pude y haciéndole ver que aquella mujer era casada y que el respeto era el mayor homenaje que podía tributarle. Luego, quemé ambos muñecos...

A mi regreso, expuse a la señora a las influencias de un sahumerio eficaz de ciertas Plantas Sagradas, y de este modo terminó aquel embrujamiento de amor perverso... Ella volvió a ser la misma. Las visiones no se repitieron jamás y nosotros pudimos catalogar un nuevo caso...

Hay enfermedades, malestares y desgracias en ciertas habitaciones, que sólo ceden con quemar plantas especiales y nunca con exorcismos de frailes, que eso también es Magia Negra.

Hemos traído a colación este relato, no sólo para demostrar el poder de ciertas influencias, sino para mencionar también el que tienen ciertas Plantas curativas, no sospechado hoy por la Ciencia Oficial.

El pañuelo que sirvió para la confección de un monigote grotesco, representativo de ambos actores, estaba impregnado de las emanaciones magnéticas de ella, y esto fue lo bastante para ejercer a distancia determinada acción en el sentido conveniente.

Tantos otros casos nos son conocidos, por malas voluntades, por contagio mental, por el poder del deseo. Todos ellos con mal fin. Pero también sabemos de casos de transplantación de enfermedades hechos con verdadero heroísmo por personas abnegadas, como el de curaciones por simpatía que serían de gran interés para los médicos que ya hoy practican el método Psicoanalítico.


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