Espiritismo Venezolano y sus Cortes
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Alianza Naiguatá
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El hechizo y su efecto moral

el Jue Ene 05, 2017 1:29 am
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EL HECHIZO Y SU EFECTO MORAL
 
Pregunta: ¿Nos podéis aclarar, si la víctima del hechizo recoge algún provecho moral, después de esa persecución insidiosa?
Ramatís: El dolor y el sufrimiento en el campo físico y en el campo moral o en cualquier situación de la vida humana, siempre son beneficiosos. Es un proceso de disciplina espiritual reactivando al ser para que camine por el sendero recto. Es una medida rectificadora que orienta, compulsoriamente, al hombre animalizado hacia su norte angélico. Usáis la lija para pulir las maderas y el fuego abrasador para dar resistencia al acero. El diamante bruto, extraído de las rocas, después de someterse al disciplinado proceso del pulimento o especie de "sufrimiento mineral", se transforma en una fascinante piedra preciosa. De esa operación coercitiva, cáustica y de sometimientos, resulta el perfeccionamiento que engrandece el valor intrínseco de las cosas. Los hechizamientos son procesos ofensivos y destructores, aparentemente injustos en su acción tenebrosa, nociva y maligna; sin embargo, estimula la acción purificadora, porque al producir el sufrimiento acelera el proceso kármico y rectificador de las personas.
 
¡Cuántos espíritus alcanzaron un nivel superior en lo espiritual, gracias a un indeseable hechizo, que lo sometió, pero a su vez lo liberó de cosas peores! Muchas personas abatidas en el lecho del dolor, absorbidas por las grandes dificultades y privadas de los placeres comunes de la vida, evitaron a tiempo, su caída en los antros de los vicios o el encadenamiento a las pasiones censurables. Hay hogares, cuya tranquilidad doméstica se debe a determinado impacto hechizante, que une a la familia en la prueba dolorosa.
 
El dolor pule el alma y reduce las manifestaciones de imprudencia, reajustando al ser humano hacia la vida superior del espíritu. Él sufrimiento crea la oportunidad para orar y meditar; la catástrofe económica corta los vuelos insensatos creados por la fascinación material; los embates emotivos y los choques morales conducen al espíritu en busca de lenitivos en las fuentes espirituales. Por más injusto y tenebroso que a vosotros o parezca el hechizo, su víctima siempre se beneficia.
 
Los dolores y tribulaciones inherentes a las reencarnaciones en los mundos físicos, se dirigen a un solo punto, a despertar la conciencia espiritual del hombre. La hechicería, por lo tanto, como un proceso provocador del sufrimiento físico, moral, mental y económico, ejerce una provechosa función rectificadora de los desvíos y equivocaciones que cometió en el pasado y que son perjudiciales para su evolución espiritual.
 
Sin lugar a dudas, que también varía el carácter psíquico de cada ser, pues, mientras unas sobreviven airosamente ante las ofensivas calumniosas de los ajenos, otras fracasan por el perjuicio económico. Finalmente, se encuentran aquellas personas que resisten todas esas consecuencias indeseables, pero no soportan los dolores físicos. Por lo tanto, la brujería acciona conforme a la vulnerabilidad de cada persona, ya sea en su resistencia instintiva o en su capacidad espiritual.
__________
Cierto ciudadano de Curitiba, de algún renombre en la sociedad, decidió abandonar a su esposa y tres hijos por una aventura amorosa. Planeaba vender todos sus bienes para acumular dinero para huir con una actriz de otro país, que actuaba en una "boîte" de la ciudad. Súbitamente cae en cama, postrado por una extraña enfermedad, que le afectaba el hígado, produciéndole terribles dolores de cabeza y ceguera parcial. Después de tres meses de abnegados tratamientos médicos, ayuda mediúmnica por parte de los espiritas, umbandistas y curanderos, fue descubierto un hechizo en su almohada, que consistía en los objetos tradicionales y un puñado de tierra, que se supone, sería del cementerio. El ciudadano aludido, se curó y se reintegró a su vida de hombre de hogar, y hoy, cuando relata su caso, lo hace de buen humor, bendiciendo al hechizo que lo liberó de una aventura inconfesable, y lo que es más importante, no destruyó la felicidad de los seres queridos.
 
Pregunta: ¿Las víctimas de esos hechizamientos, no tienen protección del Espacio, aunque más no sea, un pequeño merecimiento?
Ramatís: En verdad, los "guías" mencionados por los espíritus, o "ángeles de la guarda" de la tradición católica, tratan de proteger y modificar a sus tutelados, el padrón mental vibratorio, aunque se encuentren hechizados. Constantemente les aconsejan las prácticas evangélicas y moderar, aunque más no sea, los impulsos instintivos degradantes, a los fines de vencer la nutrición o intoxicación fluídica provocadas por la brujería. Pero, como los terrícolas, en general, vibran bajo las fajas densas e impregnadas de los efluvios inferiores del instinto animal, fácilmente se les escapan las instrucciones e inspiraciones de sus protectores, sintonizándose con más facilidad a la vibración de los espíritus malévolos del Espacio.
 
La indiferencia humana hacia las enseñanzas salvadoras del Evangelio del Cristo, convierte a las personas en candidatas en potencial para los impactos hechizantes y los impermeabiliza para recibir la ayuda espiritual. De ahí que se vuelven presas fáciles de las maquinaciones adversas, del vampirismo fluídico y de las cargas deletéreas hechizadas. Entontecidos por las continuas frustraciones, sufriendo males inusuales e imposibilitados para acertar con la cura de su caso, ambulan por los consultorios médicos, sin lograr nada positivo. Y, como los espíritus malhechores hacen lo imposible para apartarlos de los recursos mediúmnicos y espirituales, sufren por largo tiempo el peso de su mortificación.
 
Así como los buenos nadadores no se arriesgan a sumergirse en los ríos infectados de pirañas, los santos o inocentes, tampoco necesitan reencarnar en la tierra, donde el mal es una condición de vida común. Por eso, los espíritus que aún habitan la tierra y se encuentran en función educativa, son transformados en blancos vulnerables para las fuerzas agresivas de la propia morada. De parte de la Divinidad no existe injusticias o privilegios, sino, que "a cada uno le es dado conforme a sus propias obras". Los "inocentes" que todavía necesitan someterse a la disciplina primaria y a la dolorosa educación espiritual en la carne, apenas recogen los frutos deletéreos que provienen de la siembra realizada en el pasado.
 
Pregunta: ¿No sería injusto, que habiendo alcanzado la renovación espiritual y una conducta ejemplar, nos impactara el hechizo, que indudablemente, nos volvería a sumir en la desmoralización?
Ramatís: Las vicisitudes, dolores y desengaños son tan peculiares en la tierra, como el calor lo es por la naturaleza del fuego. La diferencia de sensibilidad espiritual de ciertas personas, hace que unas sufran más que otras, aunque todas se encuentren sometidas al mismo procedimiento. Mientras que la tierra resulta un mundo desagradable y hostil para los sensibles, es un óptimo condicionamiento para aquellos que desean la violencia, el pillaje, la intriga, el celo, el odio y el egoísmo. El picaflor no podría vivir en medio del pantano nauseabundo, que resulta un paraíso para la vida del sapo. Las personas habituadas a la limpieza y orden de sus hogares, no podrían vivir cómodamente en la humilde vivienda de las villas.
 
La verdad es, que en el mundo tierra la vida está expuesta al robo, accidentes, explotación y muerte, en forma independiente de las virtudes y méritos de los espíritus encarnados. Los hombres todavía son como los locos que están recluidos en los asilos, puesto que esos seres hacen una cantidad de cosas desatinadas y peligrosas, que se afectan a sí mismos. Por esa causa, los espíritus primarios viven mejor en la tierra, como el animal salvaje lo hace en la selva. Mientras el príncipe rompe su delicado traje de seda en medio de la zarza, el campesino se ampara de las punzantes espinas con las ropas de cuero.
 
Pregunta: Respecto a que el hechizo, inclusive, provoque la muerte del hechizado, ¿aun así, debemos entender que es beneficiado?
Ramatís: La muerte, ¿no es una condena implacable, determinada por la naturaleza a todos los seres? ¿Cuántas veces en el pasado el espíritu se liberó de su vestido carnal y transitorio, a través de la muerte? ¿Y, cuántas veces más, ha de despojarse de su traje de músculos, nervios y huesos, para entregarlos al prosaico depósito del cementerio?
 
Por ventura, ¿la muerte no alcanzó a Jesús, al inolvidable amigo de la humanidad, a pesar de su misión liberadora? Ante el fatalismo de la muerte, ¿qué somos nosotros comparados a Hermes, Fo-Hi, Krisna, Buda o Jesús, que sustentaban sobre sus hombros la responsabilidad sacrificial de transmitirnos el Código Moral y Sideral?
 
La muerte es la puerta que se entreabre para la verdadera vida del espíritu y nos permite un continuo ascenso. La carne es un fugaz minuto de la existencia humana y reduce la plenitud espiritual del ser. Después de la rotura de los lazos carnales, el espíritu retorna a su vivencia real, puesto que evoluciona o se estaciona, pero jamás retrograda. Sin lugar a dudas, la muerte prematura reduce el programa particular ideado en el Espacio por el reencarnante, así como es un crimen ante la Ley del Karma, quitar la vida a sus hermanos. Sin embargo, hay hombres, que a pesar de habitar un centenar de años en la materia, vivieron bajo tal ignorancia, que son superados fácilmente por un niño de diez años, que curse la escuela primaria.
 
Dios creó los mundos y continúa sustentándolos a través de su Amor y Sabiduría infinita, exceptuado de nuestras misiones, filantropías o lecciones de moral. Por eso, la partida de la Tierra, ya sea pronta o tardía, nada tiene de valioso o perjudicial en el mecanismo poderoso y divino del Universo, puesto que es una contingencia estrictamente particular, en donde sacamos los beneficios, según sea la vivencia en el cuerpo material La Obra Divina no necesita de nuestra rectificación. Nuestra interferencia humana, sólo causa contratiempos indeseables para nosotros mismos.
 
Aunque el hombre desencarne tranquilamente sobre un colchón de plumas y sea asistido por un venerable sacerdote, o se libere del mecanismo carnal en base al vampirismo de la brujería, eso nada tiene que ver con la Divinidad, sino que son causas de su propia conciencia espiritual. En verdad, el hombre es inmortal aunque habite en un transitorio cuerpo de carne o que transite en el más allá por medio de su periespíritu. La desencarnación, es el hecho de desvestirse de un traje carnal que se ha confeccionado con el material de la tierra, lo cual, más tarde o más temprano, debe entregarse al "guarda ropa" del cementerio. No hay muerte ni sobrevivencia, pues el espíritu apenas se quita la ropa de carne y luego se viste con la túnica fluídica.
 
Los sueños y los ideales que son deshechos por la muerte, por efecto de la hechicería, se pueden concretar con más facilidad en el mundo espiritual, mejor que en el mundo inestable de la materia. Cuando los volcanes, terremotos y tifones destruyen ciudades y civilizaciones que se encuentran en su apogeo de la gloria artística, científica, social y arquitectónica, por ventura, ¿todo eso, debe considerarse como un crimen impiadoso por parte de la Divinidad? y ¿Cuántas experiencias religiosas, renacimientos artísticos, conquistas científicas y realizaciones sociales se pulverizan en pocos segundos, bajo la catástrofe fatal?
 
Mientras la brujería elimina la vida de una centena de personas, acaso, ¿no se aniquilan millares de seres por la fuerza de los elementos que se desencadenan abrasadoramente?
 
Pregunta: Aunque el hechizo produzca beneficios, puesto que acelera la dinámica superior del espíritu a través del sufrimiento ¿no es injusto verla como una práctica provechosa, pero, fuera de nuestro agrado?
Ramatís: Nuestro principal deseo es demostraros que la brujería, a pesar de ser un fruto de la perversidad humana, que pone en acción fuerzas negativas, termina por favorecer a la víctima en base a los resultados provechosos de un sufrimiento humano bajo condición rectificadora. El beneficio y la ventura pueden ocultarse bajo el vestido transitorio del mal, porque la Ley Divina aprovecha las censurables equivocaciones de los humanos, para provecho del mismo hombre. Los espíritus emplean millones y millones de años recorriendo el camino del "dolor" y la purificación, pero ni bien alcancen la angelitud, serán felices por toda la Eternidad.
 
Indudablemente, que ninguno desea ser víctima del hechizo, ni seríamos tan tontos para cargar con prácticas tan condenables, pues la vida humana puede conducirse en forma tal, que evite las rectificaciones dolorosas en su ascenso espiritual, siempre que los hombres sigan fielmente los preceptos divinos, que ya fueron expuesto sobre la Tierra por innumerables instructores espirituales.
 
Además, el hechizo sólo es efectivo cuando existe el clima apropiado en las víctimas, ya sea por su conducta irregular en su actual existencia, o por causa de las consecuencias censurables del pasado. Sin embargo, muchas almas, que padecieron en la Tierra los efectos dañinos del hechizo provocado por la maldad, venganza, envidia, despecho u odio, aquí, se dedican sacrificialmente para ayudar a los verdugos que le hechizaron la carne, pues en cierta forma, les deben el usufructuar su tranquilidad espiritual en base al sufrimiento compulsorio.
 
No hay injusticias ni equivocaciones en el Universo creado por Dios; es el Cristo Jesús quien nos esclareció al respecto, cuando nos dijo: "Quien con hierro hiere, con hierro será herido" o "Cada uno ha de recoger conforme a sus obras". Bajo el transcurso vibratorio de las leyes de causa y efecto, el cambio de un grano de arena, reajusta idéntico fenómeno en otro lugar. Por eso, en el diapasón y ritmo de equilibrio armónico del Cosmos, es tan importante la explosión de una estrella, como la chispa que salta de un hilo eléctrico. Por eso, un viejo adagio dice: "No se cae un sólo cabello de la cabeza de los hombres, sin que Dios no lo sepa".
 
Por más injusto que consideremos el hechizo, sólo es posible que suceda en la vida de alguien, cuando es un hecho resultante y equitativo de igual forma de proceder en el pasado. Malogrado a su aspecto tenebroso, mortificante e indeseable, el hechizo resulta un hecho tan transitorio como el mundo donde es practicado. Perturba, da infelicidad y consume a la persona, cuando es manejado por almas dañinas, y experimentadas en el género diabólico, pero de sus ofensivas, ejecutadas a corto plazo en una existencia física, puede originarse una vivencia espiritual mucho más tranquila, después de la muerte.
 
La tierra no es una colonia de vacaciones, sino, un mundo de educación primaria para el espíritu, donde el terrícola es el alumno que debe hacer el curso de alfabetización sideral. Los alumnos que no cumplan con sus deberes escolares y además, desperdicien el tiempo en goces prematuros, tendrán que repetir la lección tantas veces como fueran necesarias para su entendimiento provechoso. El ciudadano terreno es el alumno primario que no debe escatimar esfuerzos para aprender a articular los primeros vagidos conscientes del espíritu eterno, para liberarse del acervo instintivo de la animalidad. Indisciplinado e irresponsable, esclavo de los impulsos y las pasiones debilitantes, resulta el más beneficiado cuando es sometido a las lecciones del dolor y el sufrimiento, de las vicisitudes y de las amarguras, antes de entregarse a los placeres peligrosos de la vida carnal.
 
A pesar de las protestas que provocan los reveses y los dolores humanos, la infelicidad de las personas es una consecuencia dañina del pasado, porque exige la rectificación espiritual, necesaria para su futura felicidad. Sin embargo, el hechizamiento también acelera la dinámica del espíritu, pues su aflicción y desespero elabora la paciencia en busca de la solución para su desventura, como así también, alcanza un grado de humildad al verse necesitado de la ayuda ajena, que concursa para su bien.
 
De ahí entonces, que el hechizo puede surgir en la vida de cualquier persona y llegar a cambiarle el rumbo equivocado o pecaminoso de los vicios. La ventura también puede forjarse en base a la desventura, puesto que el combustible inferior del hechizo activa el fuego de los padecimientos y eleva la temperatura espiritual.
 
Pregunta: Considerando que el dolor y el sufrimiento son bases fundamentales para el perfeccionamiento y la purificación del espíritu encarnado, por ventura ¿el "masoquismo" no es una virtud loable, dado que el castigarse apresura la ventura espiritual?
Ramatís: El aprovechamiento consciente del espíritu sobre los dolores, amarguras y vicisitudes, que le suceden en forma independiente de su voluntad, jamás se asemejan al "auto-castigo" que los hombres tontos se imponen con las prácticas enfermizas de ciertos conventos religiosos. Además, el masoquismo es una condición un tanto mórbida de las personas que ignoran la realidad espiritual, especialmente en los enfermos sexuales.
 
Nosotros nos referimos al dolor y al sufrimiento que redime y además, son valiosos recursos puesto en marcha por la técnica y el cientificismo de la Ley Kármica, puesto que activa las fuerzas creadoras del espíritu inmortal En base al estado actual y evolutivo del terrícola, demasiado encadenado al instinto animal, podríamos decir sin temor a equivocarnos, que el placer debilita y el dolor fortalece, tal como se podrá comprobar por la genial consagración en el campo del arte, ciencia, filosofía, poesía y religión, a través de las prestigiosas figuras de Beethoven, Dostoievski, Chopin, Miguel Ángel, Mozart, Dante, Van Gogh, Molton, Allan Poe, Tchaikovsky, Paganini, Gandhi y principalmente el Amado Maestro Jesús.
 
El dolor es una condición fundamental para el apresuramiento del espíritu terrícola, cuyo progreso depende de la concentración de las energías plasmadas en esa forma de educación, pasiva y compulsoria. Dios no condena el placer de los hombres, pues los creó para ser felices; pero, así como el padre carnal vigila a sus hijos, Él también refrena a los hijos irresponsables e imprudentes, que pretenden usufructuar de los excesos placenteros, antes de integrarse y cumplir con sus deberes espirituales. Cuando el hombre se haya emancipado concienzudamente, entonces podrá liberarse de los artificialismos transitorios, que ilusionan pero no satisfacen. Quien no se haya esclavizado al placer ilusorio, es un ser liberado de sufrimientos.
 
Pregunta: En ese caso, ¿no existe cierto automatismo en el crecimiento espiritual del hombre, al cortarle su libre albedrío y anularle el mérito de su propio ascenso?
Ramatís: El actual estado de conciencia terrícola, confrontándola con la conciencia espiritual de otras humanidades, más evolucionadas, equivale a la etapa infantil, fácil y engañadora. En su primarismo espiritual, el hombre terrícola no puede usufructuar incondicionalmente de su libre albedrío, puesto que eso, sólo es compatible a los ángeles liberados de los ciclos reencarnatorios. A medida que el hombre apresure sus conocimientos y purifique sus sentimientos, gozará de mayor amplitud en el ejercicio de su libre albedrío, porque estará más seguro para estructurar su propia felicidad.
 
En cuanto al mérito, es de poca importancia, pues el ascenso angélico no es una competición promovida por Dios en el sentido de premiar a las almas vencedoras, con trofeos eternos. El crecimiento espiritual es un problema íntimo de la persona. El Universo se encuentra a su disposición para que el espíritu lo usufructúe y todo cuanto pueda asimilar de la vida, mientras no perturbe la vivencia del prójimo. Le queda el derecho de actuar como mejor quiera, pero cesa inmediatamente su libre albedrío, ni bien comienza a perjudicar a los demás.
 
Pregunta: Una última consideración; después de todo lo vertido, casi estamos por creer, que el autor de la brujería no le alcanza punición alguna por los daños que ocasiona a su prójimo. ¿Cuál es vuestro parecer?
Ramatís. De acuerdo a la Ley que dice: "a cada uno le será dado según sus obras", o bien "quien con hierro hiere, con hierro será herido", entonces, no hay dudas de que el hechicero ha de sufrir los efectos kármicos de su maleficio. No interesa si la víctima de la brujería se beneficia por las amarguras, vicisitudes y dolores que le acometen por causa de una venganza, mas el hechicero, tendrá que recibir los impactos reversivos de su acción destructora y difícilmente escapará a los padecimientos atroces en los charcos repulsivos, saturados de los fluidos impuros y mortificantes que puso en movimiento en contra de la felicidad ajena. Infeliz y desgraciada es la persona que pone en marcha las fuerzas creadoras para fines inconfesables, puesto que recibe de retorno centuplicado su potencial energético.
 
En virtud de la función drástica, expiatoria y al mismo tiempo, redentora del dolor, el mago o el que encargo el hechizo, son aplastados por sus creaciones y actos maléficos, que desataron conscientemente. De ahí el viejo refrán, de que "el hechizo se vuelve contra el hechicero", cumpliéndose la divina y sabia profilaxis de que "la siembra es libre, pero la cosecha obligatoria". He ahí, el porqué dentro del mecanismo maligno del hechizamiento, su autor es ajusticiado por la falta de respeto a las leyes divinas, en donde tarde o temprano, tiene que purificarse y redimirse bajo el sufrimiento compulsorio, ajustándose al concepto de nuestra obra Magia de Redención.

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«Aparte del Espíritu protector ¿está unido un mal Espíritu a cada individuo, con miras a incitarlo al mal y darle ocasión de luchar entre el bien y el mal? 
- "Unido" no es la palabra exacta. Bien es verdad que los malos Espíritus tratan de desviar del camino recto al hombre cuando se les presenta la oportunidad: pero si uno de ellos se apega a un individuo, lo hace por determinación propia, porque espera que el hombre le haga caso. Entonces se desarrolla una lucha entre el bueno y el malo, y la victoria corresponderá a aquel cuyo dominio el individuo entregue»
Libro de los Espíritus, cuestión 511.
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